Tres participantes concluyeron su preparación y están listos para incorporarse a empresas; el programa municipal busca que accedan a salarios competitivos, prestaciones de ley y condiciones dignas de trabajo
Ciudad Juárez.- Tres jóvenes con síndrome de Down se encuentran a un paso de ingresar al mercado laboral formal en Ciudad Juárez, luego de concluir un proceso de capacitación especializado que busca derribar las barreras que históricamente han limitado el acceso de las personas con discapacidad intelectual a empleos remunerados, estables y con derechos laborales.
Los participantes forman parte de la primera edición del Programa de Capacitación y Adiestramiento para la Inclusión Laboral de Jóvenes con Síndrome de Down, desarrollado en el Centro Comunitario Fovissste-Chamizal, donde reciben preparación orientada al desarrollo de habilidades necesarias para desenvolverse dentro de centros de trabajo.
El coordinador de la Comisión Edilicia de Centros Comunitarios, regidor José Mauricio Padilla, conoció los avances del programa durante una reunión con personal médico de la Dirección General de Centros Comunitarios y docentes responsables de la capacitación.
El resultado más significativo de esta primera etapa es que tres jóvenes concluyeron satisfactoriamente su proceso formativo y ya se encuentran en condiciones de incorporarse a empresas de la localidad.
Los espacios laborales serán definidos de acuerdo con las habilidades, capacidades y perfil individual de cada participante, con posibilidades de integrarse a hoteles, tiendas, comercios y otros establecimientos que se sumen al esquema de inclusión.
La incorporación no pretende reducirse a una contratación simbólica.
El objetivo planteado por el programa es que las empresas participantes ofrezcan condiciones laborales formales, salarios competitivos, prestaciones de ley y entornos de trabajo adecuados para que los jóvenes puedan desarrollar sus capacidades en igualdad de condiciones.
La estrategia representa también un paso hacia la autonomía económica de los participantes, al permitirles generar ingresos propios, fortalecer su seguridad personal, adquirir experiencia profesional y construir un proyecto de vida con mayor independencia.
El impacto alcanza igualmente a sus familias, que durante años enfrentan incertidumbre sobre las oportunidades reales de desarrollo que tendrán sus hijos al llegar a la vida adulta.
Actualmente, 11 jóvenes forman parte del proceso de capacitación, aunque cada uno avanza de acuerdo con sus propias condiciones y necesidades.
No todos estarán en posibilidad de ingresar inmediatamente a una empresa.
En los casos que requieren mayor preparación, personal especializado continuará con procesos de acompañamiento antes de determinar su eventual incorporación al mercado laboral.
Para quienes enfrenten mayores dificultades para adaptarse a un empleo convencional, también se analizan esquemas de autoempleo que permitan desarrollar actividades productivas y generar ingresos sin dejar fuera a quienes necesitan alternativas diferentes.
Este modelo pretende evitar que la inclusión se mida únicamente por el número de contrataciones y plantea rutas laborales diferenciadas según las capacidades de cada participante.
La preparación se realiza con apoyo de personal médico y docentes especializados, encargados de fortalecer competencias que permitan a los jóvenes enfrentar responsabilidades, horarios, dinámicas de trabajo y relaciones dentro de un entorno empresarial.
La primera generación entra ahora en una fase determinante.
Los tres jóvenes que ya terminaron su capacitación serán presentados próximamente junto con las empresas que abrirán espacios laborales para su incorporación formal.
A partir de ese momento, el reto dejará de estar únicamente en manos de las autoridades y pasará también al sector empresarial, que deberá demostrar si la inclusión laboral puede convertirse en una política efectiva y no solamente en un discurso de responsabilidad social.
Paralelamente, ya se preparan las bases de una segunda convocatoria para ampliar el número de participantes y ofrecer nuevas oportunidades a jóvenes con síndrome de Down interesados en incorporarse a una actividad productiva.
Madres, padres y familiares podrán acercarse a la Dirección General de Centros Comunitarios para recibir información sobre requisitos, inscripción y mecanismos de acompañamiento.
Para mayores informes está disponible el teléfono 656-737-0710, extensión 506, correspondiente a la Coordinación Médica de Centros Comunitarios.
El programa comienza a mostrar sus primeros resultados, pero la prueba más importante vendrá cuando estos jóvenes crucen finalmente la puerta de una empresa y encuentren no solamente un espacio para trabajar, sino condiciones reales para ejercer plenamente sus derechos laborales, obtener independencia económica y demostrar que la discapacidad no debe convertirse en una sentencia de exclusión.
